Sobre mi
Mi nombre es María. Nací en Argentina y desde hace muchos años vivo en México, donde he desarrollado gran parte de mi camino artístico y personal.
Mi vínculo con el arte comenzó desde muy pequeña, primero a través del teatro y luego de la fotografía, una disciplina que sigue inspirando mi forma de observar y crear. A lo largo de mi recorrido he impartido talleres en distintas regiones de México y Latinoamérica, experiencias que enriquecieron profundamente mi mirada.
Hoy vivo en el desierto de Baja California Sur, donde creo piezas únicas e irrepetibles, realizadas artesanalmente con dedicación, cuidado y respeto por los materiales y los procesos.
Además de las obras disponibles, también realizo proyectos especiales y colaboraciones. Si tienes una idea o buscas una pieza personalizada, estaré encantada de conversar contigo.
Gracias por visitar este espacio. Espero que disfrutes estas creaciones tanto como yo disfruto hacerlas.
Exposiciones
Aguamala
Latido sin corazón, cuerpo sin territorio
A finales del siglo XX, el científico japonés Masaru Emoto descubrió la capacidad que tienen las moléculas del agua para codificar y adaptarse a la atmósfera ambiental de un determinado contexto, así como a la situación mental y emocional del ser humano. Esto develó posibilidades morfológicas y electromagnéticas del agua y del cuerpo humano, el cual se compone, en gran medida, de esta sustancia.
El corpus de obra de María Campllonch se basa en una especie de revelación semejante, pero en un intercambio informático entre la dinámica del agua y el cuerpo, que permite atravesar una diversidad de procesos y presencias. Al trabajar en lapsos espacio-temporales específicos, dentro de corrientes y estanques de agua intervenida por la condición humana, podría pensarse que el resultado de sus imágenes tendría que ser caótico. Sin embargo, María ha sabido vincularse con el agua al punto de fundirse con su presencia: la entiende, pero, sobre todo, la escucha.
Si bien su obra, en parte, está hecha con esta agua residual de diferentes territorios de San José del Cabo, el resultado parece hablar de una intención purificadora de naturaleza biológica. La sustancia o emulsión con la que trabaja sus cianotipias se vuelve un ser vivo en mutación perpetua, sensible y adaptable, así como el agua misma, a la proliferación de la vida. La historia que cuenta cada pieza parece ser un tipo de correspondencia: un diálogo luminiscente que profundiza en su intimidad; como el fondo del mar, pero que absorbe lo transpersonal; como una climatología del universo.
María no ve la creatividad como una confección ilusoria; la entiende como una proyección íntima de lo vital. La técnica no es un aparato de narraciones, sino una palpitación que atraviesa a un cuerpo ambiguo y vulnerable, sostenido en un campo inmersivo de formas y procesos que surgen de la inestabilidad intrínseca de lo fluido. El proceso químico funciona como un crisol: un campo fértil en el que el espíritu se siembra.
El término aguamala sorprende, pero no condena; lastima, pero no marca. Transmite indicios líquidos de renovación y nos muestra las posibilidades transformadoras de un fenómeno contraintuitivo.
— Eric E. Esparza Núñez
19 de marzo de 2026